miércoles, 13 de noviembre de 2013

El perro de la Supermana

Sentado hasta el extremo derecho de la segunda fila del teatro y con la función por comenzar, uno de los espectadores que recién iba llegando reconoció al güey que estaba a mi lado y fue a saludarlo, obligándome a inclinarme un poco para no interponerme en el encuentro, sin saber que se darían un beso tronado justo en mi nuca, provocándome un escalofrío que me partió en dos la columna vertebral hasta sacudirme la punta de la uña del dedo gordo de ambos pies.

Fue en ese momento que caí en cuenta que me encontraba rodeado por eso que se conoce coloquialmente como la comunidad gay, pues estaba yo a punto de ver una función especial de la obra Animal...es, con la Manigüis y la Supermana como invitadas de honor para hablar de su experiencia con las mascotas y la importancia de respetar los derechos de todos los seres vivos para estar bien como sociedad. ¡Ay perra!

A los cinco minutos de iniciada la obra yo ya estaba zurrado de la risa, sobre todo cuando Carlos Manigüis Rangel saca su voz de hombre para decir ¡¿qué me ves puto?!, para momentos después chillar como nena cuando Daniel Vives la Supermana muestra las urnas con las cenizas de su perro y su gato, acompañadas de fotografías y música para aflojarte el corazón. También salió Mama Mela y una imitadora de Verónica Castro, que espero que esa sí haya sido mujer, porque debo confesar que se me antojó bien canijo. Al final la obra cumplió su cometido, ya que llegué a casa a abrazar a mi perro.

¡Uts!

sábado, 9 de noviembre de 2013

A ver si sísierto

De acuerdo con un estudio realizado por unos poblanos sin quehacer en una universidad ahí chafona, los tacos al pastor y las flautas tienen mayor valor energético y menos grasa que algunas barras de cereales que se comen los mamones para hacer dieta, lo que consuela a miles de gordos frustrados con sus guangas carnes y da pie a estudios todavía más chaquetos.

Uno de ellos, a propósito del tema, es la encuesta que hizo el periódico Publimetro entre sus lectores para encontrar a la mejor pinche taquería de toda la maldita ciudad, dando como resultado la Selene, que se encuentra en la colonia Anzures, atrás del Hotel Camino Real, sobre Leibnitz, al lado de El Fogoncito, que también son tacos, pero mucho menos chidos y sin algo a enfatizar.

Uno no tendría que dudar sobre este tipo de análisis sobre el quehacer culinario de los chilangos, pero el Publimetro, al ser un diario gratuito que se reparte sólo en colonias nais a güeyes hipsterosos que andan en coche, hace que la muestra no sea tan representativa y, por lo tanto, obligan a hacer un segundo diagnóstico para comparar con aquellos de zonas ñeras con sazón, a las que difícilmente un mamón de la Condesa se metería.

En los próximos días tendré que ir a calar el pastor de la Taquería Selene, en una intención estrictamente científica, para ver si sisierto que están muy chingones, o de plano los hipsters no saben nada de la vida y se dejan llevar por el hecho de que Luis Miguel ha comido ahí.

¡Chá!

jueves, 31 de octubre de 2013

Con harto pasto y llorona

Hoy los trompos están a media espada y el fuego es lento. Los ojos lloran y eso que la orden va con muy poca cebolla. Todo se servirá con una sola tortilla, no por un afán de hacer dieta y guardar la línea, sino en señal de luto, ante la muerte del creador de todo, el maestro de maestros, el responsable de la grandeza de la gastronomía de este país y los altos índices de obesidad mórbida entre la población.

En la ciudad de Berlín, Alemania, Murió el turco Kadir Nurman a los 80 años de edad, considerado el inventor del taco al pastor. La historia dice que a mediados del siglo pasado, este hombre tuvo la idea de utilizar un asador vertical para preparar el kebab con carne de cordero, que es el platillo tradicional de la comida turca.

La técnica del trompo de carne salió de Berlín Occidental y se extendió hacia el resto del mundo, llegando en la década de los sesenta a México, en donde los güeyes del restaurante de El Tizoncito se adjudicaron la invención del platillo y se han encargado de lucrar con ello, aunque la verdad están bien pinches sus tacos, insípidos y mal cocidos, con una salsa que parece vómito de crudo en sábado.

Descanse en paz el genio, que seguramente nunca se dio cuenta de lo importante de su aportación y mucho menos pudo sacarle el provecho que merecía por haber hecho felices a tantos millones a través de la historia, aunque aquí se le haya añadido la tortilla, el cilantro, la cebolla, el limón, la sal y la salsa.

¡Uts!

martes, 29 de octubre de 2013

La mugre chillona

Puedo soportar que me cobren 225 varos por boleto, más el cargo por el servicio del Ticketmaster y una cuota extra por la posibilidad de recogerlos en el establecimiento que más me plazca. No tengo ningún problema con estar dos horas formado en el frío nocturno en espera de poder entrar. Considero que las pequeñas pangas en medio de oscuros canales de fango son algo a lo que desde niño estoy acostumbrado y no me incomodan en lo absoluto. El ponche aguado y los atoles rebajados son algo con lo que puedo sobrevivir dentro de un espectáculo público, pero que me quieran ver la cara de ignorante y naco, eso ya calienta.

El espectáculo de La Llorona, que este año cumple dos décadas de presentarse en el embarcadero de Cuemanco, al sur de la Ciudad de México, es un espectáculo más lamentable que ver a un chemo haciéndola al faquir acostándose sobre vidrios rotos de botella de caguama en el Metro, tanto, que incluso justificaría el trato discriminatorio que se les da a los indígenas en el país.

En una islita entre las chinampas de Xochimilco, a la que llegas en trajinera, se monta una coreografía de danzantes concheros, igual a la que se arma todos los domingos en el Zócalo para los turistas gringos, y esa es gratis, o a la que se rifa un chavo en el semáforo de División del Norte y Torres Adalid para ganarse unas monedas, sólo que en La Llorona es en medio de lucecitas de colores, una pirámide hechiza y embarcaciones a punto de hundirse.

El espectáculo de La Llorona, que se presentará todavía hasta dentro de dos fines de semana en el embarcadero de Cuemanco, es la muestra más clara de que a los mexicanos nos gusta regodearnos en la porquería que somos como pueblo, resaltando las carencias que tenemos y colocándonos siempre en el papel de víctimas, para justificar de alguna manera lo patético de nuestras acciones, en un afán de aminorar las derrotas.

En la trama, si es que a eso se le puede llamar trama, llegan los malditos españoles a Tenochtitlán a saquear todo el oro de los pobrecitos mexicas, que son un pueblo bueno de sabiduría milenaria que los recibió con los brazos abiertos, dispuestos a compartir algo de su riqueza cultural, basada en unas piedrotas, sin saber que se los terminarían agandallando, gracias a una mujer traidora, que pagará con la muerte de su hijo su atrevimiento y por el que penará por toda la eternidad. ¡Ay mis hijos!, grita, aunque sólo se le haya muerto uno.

Para empezar, los que poblaron estas tierras hace 500 años eran unos ojetes, que vivían de someter a los pueblos vecinos y por eso nadie los quería, razón por las que los tlaxcaltecas se aliaron con los conquistadores para derrotarlos. No eran una sociedad avanzada en lo absoluto, pues todavía eran, en esencia, cazadores y recolectores, pero los ponen muy nalga para que uno sepa que sus antepasados no eran igual de patéticos que los actuales mexicanos. En resumen: todo mal con La Llorona.

¡Chá!

viernes, 25 de octubre de 2013

El escuadrón de cholos

En la estación del Metro Auditorio, seis güeyes de cabeza pelona, ropas guangochas, cicatrices sobre tatuajes malhechos en cada superficie visible de piel, paliacates en la cabeza, tenis sin agujetas y con actitud de "yo si quiero te mato y te violo antes para que sufras", se treparon al vagón en el que apaciblemente venía leyendo mi Condorito y escuchando el disco Uno entre mil de Mijares.

Estratégicamente, aunque todos entraron por la misma puerta, se repartieron a lo largo, para que nadie se les fuera a querer pasar de lanza. El que me tocó a mí, que era el más grande y feo de todos ellos, hasta me pidió de la manera más atenta que me quitara los audífonos para que lo oyera cómo me vendía unas paletitas de sandía con chile, bien horribles, de a dos por diez varos, los cuales pagué gustoso, porque el ofrecimiento traía implícito que de negarme terminaría con una navaja oxidada en el páncreas.

Pero yo, en un afán de llevar a cabo mi labor informativa y sintiéndome muy la reata, que saco mi teléfono para tomarles una foto y denunciar el hecho a Joel Ortega, el director del Metro, para que esos ñeros no sigan lucrado con el terror que provoca la cara que diosito les dio. Sin embargo, oh estupidez mía, no me di cuenta que no le quité el flash y evidencié mi atrevimiento. Afortunadamente los güeyes venían muy drogados como para percatarse, y de esa forma me evité la penosa necesidad de partirles su madre a todos cuando me reclamaran.

¡Chá!

lunes, 21 de octubre de 2013

Más pinchis días de rock

Cinturita y caderotas, castaña clara de proporciones perfectas y 19 años (más me vale), repegándoseme en un baile erótico y sudoroso hasta escurrir, en el que aunque no quisiera le agarraba alguna de sus partes pudendas sin protestar o siquiera poner resistencia, y a pesar de toda esa belleza, de alguna forma no me la estaba pasando del todo bien.

El concierto de Muse, la banda británica que toca bien chingón, fue la confirmación de que ya estoy bien pinche anciano, no porque sea un grupo que oyen en su mayoría quinceañeros conmovidos por letras con cierto grado de cursilería y algo más de fantasía cósmica (sin contar que sus canciones salen en todas las de Crepúsculo), sino porque como que ya me da oso andar brincando con el puño en lo alto y un celular en la otra mano durante los toquines.

Al principio me dejé llevar, tanto que la corriente humana me acarreó hasta enfrente del escenario, desde donde se ve bien guapo el Matthew Bellamy y ya no me pude regresar al sitio en el que los de mi edad disfrutan de esos eventos, que es hasta atrás, a la orilla de la multitud, para poder sentarse y escuchar la música con atención.

Pero ya estando ahí, en el faje colectivo de miles de adolescentes extasiados por la música, no tuve de otra que dejarme llevar, aprovechando el hecho de que yo era el único caliente al que le importaba más ver qué agarraba que cómo tocaban los de los instrumentos, con todo y su pirámide de pantallotas súper acá.

¡Chá!

viernes, 18 de octubre de 2013

Tributo al Príncipe... dote

Para homenajear a José José no tengo que mandar a hacer un trofeo con forma de dildo ni armar una fiestota a la que no voy a invitar a nadie, basta con irme a la delegación Azcapotzalco a uno de los lugares fundamentales en la carrera y la vida del Príncipe de la canción para rendirle tributo como él se merece: ¡chupando!

La República de las carambolas es una pulquería que se encuentra en la calle Yerbabuena, en la colonia Victoria de las democracias, cerca del Wal Mart de Cuitláhuac, cuya virtud se centra en el hecho de que ahí era a donde José Rómulo Sosa Ortiz, como el realidad se llama el intérprete de El triste, iba a beber hasta perder el sentido y gradualmente la voz, en los tiempos en los que, a pesar de la fama, vivía en un taxi estacionado frente al Hotel Xochimancas, en la Miguel Hidalgo.

En la entrada de la pulcata, que en realidad es el patio de una casa en obra negra, hay una fotografía enmarcada de don José brindando con un vaso de a litro, como los verdaderos hombres, que nos las tomamos de un solo trago y sin hacer gestos, tal como en sus buenos tiempos lo hacía, y aún así llegaba a cantar a El Patio, un antro de perdición que estaba por allá por Gobernación.

El de piñón es una belleza. Ese elixir rosado con semillitas, que al tomarse se derrama por la boca de lo bueno que está, explica cómo alguien se puede perder en la peda de esa manera. Lástima que don José ya no chupa, porque hubiera sido un honor festejar así sus 50 años de carrera y no con la mamada que hicieron los ojetes del Diario BASTA!

¡Salud!



¡Como los pinches hombres!

lunes, 14 de octubre de 2013

Días de fut

lunes, 7 de octubre de 2013

Escúpanle sus huevos

Un grito con mano agitándose al aire irrumpe la tranquilidad de mi desayuno. ¡Mésero, llámele al gerente!, dice un señor de más de 50 años, a juzgar por la cabeza calva con machas en la piel que se asoma en el gabinete frente al que estoy sentado yo, dispuesto a comerme unas crepas rellenas fajitas de pollo con salsa de algo muy exótico, porque según la carta cuestan más de 150 varos las muy cabronas.

Chaparrito, el único con camisa de vestir y corbata debajo del delantal en el ihop del World Trade Center, corte de niño baboso y actitud de ¿ora qué quiere este cabrón?, a pesar de su sonrisa hipócrita, se aproxima al comensal, sólo para recibir un cagón de 15 minutos sobre un omelette frío con carne que sabía feo, además de un jugo de naranja demasiado amargo para tomarse, por el cual el pelochas no iba a pagar ni un centavo, a pesar de que ya le había bajado la mitad del vaso.

Con los huevos de corbata y el culo entre las rodillas, se llevó el platillo a la cocina, a ver si con una volteada de sartén se componía, mientras el pobre mesero, al que ya habían súper cagoteado previamente, ni se quería acercar al lugar, lo cual me afectaba porque quería más lechitas para mi café.

Diez minutos después regresó el platillo, sólo para toparse con que ahora la textura de las verduras no era la adecuada para su majestad, quien cómodamente leía la sección de negocios del Reforma. La amabilidad tiene un límite y hay huevos que merecen un gargajo. ¡Hasta me dieron ganas de ser mesero!

¡Uts!

jueves, 3 de octubre de 2013

Soy un súper teto

Me sé las canciones, he visto todas las películas, hasta he pintado los personajes en la pared de mi recámara. La película sólo me hizo recordar que no he superado mi infancia. No sé Dragon Ball, te amo.

miércoles, 2 de octubre de 2013

¡Ay, una güera en el Metro!

El reflejo de las luces del pesero en la palomita de sus coquetos tenis rosa con azul cielo me llamó la atención, pero lo que realmente me cautivó fue la curva a contraluz de sus nalgas en unas licras negras, rematando un atuendo deportivo que, a pesar de lo holgado de las telas, dibujaba una silueta trabajada por el rigor del gimnasio, que nomás de imaginar el sudor escurriéndole por el cuello hacia el pecho después de diez minutos en la elíptica, me dan ganas de botar este texto y encerrarme un rato en el baño.

Esa criatura, hecha por Dios con todo el amor que le quedaba después de construir el mundo, con todo y sus rubios cabellos, naricita recta, ojos azules y sus bolsas del Oxxo, estaba igual que yo esperando el camión RTP hacia el Metro Sevilla, en el cual causó conmoción entre todos los presentes, porque no es común que un pétalo así tan delicado vuele entre las nopaleras con los marranos.

Sin inmutarse, inmersa en la música de sus audífonos, viajó con todos los que, como yo, contemplábamos discretos el brillo de su blanca piel bajo el contraste de la noche del cruce de Reforma, humillando con su perfección a las admiradas formas de la Diana Cazadora. En el subterráneo, con más luz iluminando cada uno de sus fascinantes recovecos, fue aún más difícil no dejarse llevar por el instinto animal, que contradice todas las reglas establecidas por la sociedad, que dicen que no es correcto babear mientras le admiras el culo a una mujer.

¡Chá!

viernes, 27 de septiembre de 2013

El pinchi cholo

Tenis viejos sin agujetas, señal inequívoca de que alguien ya estuvo en la cárcel, porque ahí te las quitan para que no te ahorques. Pantalón caído a media nalga con un mecate a modo de cinturón, no por moda, sino porque no hay nada más que ponerse. Camiseta raída sin mangas, que muestran un par de escuálidos brazos quemados por el sol y marcados por cicatrices y tatuajes mal hechos, otra evidencia de un largo tiempo bajo la sombra. Cabeza rapada y chipotuda, con un leve olor a thiner, advertencia de que ya todo valió madre.

El güey se trepa al Metro y se sienta a dos lugares de donde yo estoy comiéndome los mocos. Al verlo, instintivamente guardo todas mis pertenencias de valor, dejando lo que menos me dolería que me arrebataran a punta de navajazos. El cholo me da la espalda, pero su simple silueta es tan atemorizante como para que a mí se me afloje el acá. En mi mente, le pido al chaka que, por su bien, no me asalte, porque regresé de Acapulco con el estómago bien madreado y al mínimo susto podría tirolear a todos los que vienen en el vagón.

Al voltearse, su imagen de cholo maldito se desvanece, y en su lugar queda sólo la ternura de un pobre baboso demasiado drogado para saber lo que hace. En un principio, la marca en el pómulo me hace pensar en la lágrima que portan aquellos que han matado a una persona, pero conforme se va volteando descubro que en realidad el güey se tatuó la palomita de Nike con todo y letras, provocando en mí sólo risa.

Claro, no le tomé una foto porque, por muy naco que sea, todavía me anda partiendo mi madre y picándome con su filero, que seguramente debió traer guardado en el culo. ¡Chá!

jueves, 26 de septiembre de 2013

Mi encuentro con la guapota

El brillo de su sonrisa es sólo comparable con el de los faros del automóvil que está a punto de atropellarte en la noche más oscura. Sus ojos, profundos, directos, sinceros y de un café delicioso, se posaron en repetidas ocasiones sobre los míos, con la inocencia de quien no sabe que en realidad le están contando las pecas que tiene en el pecho, que son 53, por cierto. El aroma que desprende al respirar incita a los inválidos a caminar, los peces a volar y a mi, un pesimista declarado, a soñar. Así de perfecta, así de intimidante es la presencia de Alejandra Ambrosi, a quien entrevisté en un barsucho de la Zona Rosa con malas reseñas en el Foursquare.

El motivo fue el estreno de una película de ciencia ficción con trasfondo social en la que ella participa, pero pudo ser mi sentencia de muerte y no me hubiera importado, con tal de conocer a aquella que me mantiene pegado a las telenovelas del Canal 28. Después de 30 minutos de charla, en la que se me electrificaba el cuerpo y se creaban lagunas mentales cada vez que me tocaba el antebrazo al reírse con algún comentario, mi mente comenzó a divagar en preguntas sinsentido, con tal de mantenerla ahí.

Su figura, cuan estilizada y llena de detalles explorables con la fascinación de Jean Cousteau en la cuenca más honda del mar, quedará grabada en mi memoria con mejor fidelidad que la del chip de mi cámara fotográfica, pues no hay tecnología que capture la simpatía de la mujer perfecta.

¡Uts!

viernes, 13 de septiembre de 2013

Las nalgas de Ari Borovoy

Así se debería llamar la película 'Deseo', que se estrenó este fin de semana en la cartelera nacional, porque de eso se trata: de verle el culo peludo al cantante de OV7 que no es Kalimba ni el otro. ¿Para qué? No sé, porque ni siquiera es que uno diga "¡qué nalgas!, ¡qué ricas las tiene el chavo!", porque la verdad no, ni paraditas las tiene.

En cambio, las Edith González, ¡futs! ¡Esas sí son unas señoras nalgas! El primer desnudo de la rubia actriz no podía ser mejor: en una escena como de cinco minutos, totalmente gratuita, bajo el agua y en la cual también enseña las chichis y un tantito el peluche, ya que su personaje es una actriz de telenovelas medio locochona a la que le prenden las chavitas, como la que interpreta Paola Núñez, todavía con su nariz anterior.

¿De qué se trata 'Deseo'? Lo mismo me pregunté al salir del cine con una erección que me duró tres días. 'Deseo' es como una de esas películas del canal Cinema Golden o del Multi Premier, en la que todos clavan pero no se ve nada... bueno, hay chichis pero no es explicita la penetración, porque la finalidad es calentar al espectador, sin la necesidad de que haya una trama. Esta película es lo mismo: no trata de nada pero hay pelos.

De acuerdo con el intento de argumento, un grupo de ricachones con sirvientas bien sabrosas viven en un pueblo pintoresco en el que todos los personajes manejan coches de la marca Faw, (sí, los chinos esos que se vendían en Elektra); uno quiere con el otro y el otro quiere con otro más y así sucesivamente. De esa forma, la golfa del pueblo quiere con el marino, que se anda dando a su hermana, quien a su vez desea al mirrrey para el que trabaja como chacha, que sueña con la milf, cuyo marido se merienda a una morrita (hermana de la gata), quien es recogida por la actriz, que termina con la primera, cerrando el círculo de tallones, que de seguro resulta en un Sida colectivo.

Eso es todo, una historia de humor involuntario con repegones, perfecta para fajar en el cine. Lo malo es que fui con mi cuate el Barbas.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Éxodo taquero

Salgo de la oficina (ayayay, ¡qué mamón!) y mi taquero de confianza no está. Yo, contradictoriamente zurrándome de hambre por unos de chicharrón grasudo y frijol aflojatodo con harta salsa verde de cubeta, dejé rodar una lágrima sobre mi mejilla derecha, al no poder disfrutar de una comida tan rápida, que antes de terminarla ya la estás echando por la taza, ideal para las explotadoras jornadas de trabajo de hoy en día.

Dos cuadras más allá hay otro taquero, al lado de un teléfono público, donde encadena su bici para que la canasta tenga más estabilidad a la hora de despachar. Sin embargo, a la hora en que yo llegué, el güey ese tampoco no estaba, como si todos formaran repentinamente un gremio y pugnaran por un horario de comida que concuerde con el mío. De regreso, por el camino largo, no encontré al tercero del rumbo, a pesar de que los de papa le saben como a sobaco.

Al llegar al punto inicial, no pude evitar preguntarle al bolero de la esquina si sabía a dónde se había ido el Don Tacos, porque era raro no toparlo cuando los Godinez del área salen de sus cuevas a comer y a aparearse. Don Bolas me contestó que, al igual que todos los taqueros de canasta del rumbo de Polanco, el mío se había ido a suministrar garnacha de ínfima calidad al plantón de la CNTE en el Zócalo y las marchas en Reforma, porque allá se está vendiendo a lo cabrón, lo cual sólo me hizo odiar más a Miguel Ángel Mancera, jefe de Gobierno del DF, por no romperles sus madres a punta de toletazos a los mairos.

¡Chá!

sábado, 31 de agosto de 2013

Pinchis ricos miserables

Cada año, desde hace 10, los ricos y poderosos de Las Lomas de Chapultepec se deshacen de las cosas que ya no les sirven para ser subastadas a favor de un museo y así contribuir a la cultura de la perrada. Una de las mansiones sirve como tianguis de cháchara fina, a donde uno supuestamente va a encontrar bolsas Prada, trajes Ermenegildo, zapatos Ferragamo, y antigüedades ya no tan fashionistas.

Y ahí voy, rumbo a esa casa de la calle Virreyes, exactamente junto a la de Diego Fernández de Cevallos, esperanzado con encontrar con qué renovar mi guardarropa, sólo para presumir que visto las mejores marcas, pero sin mencionar que es gracias a un ricachón que se hizo la lipo y ya no le quedaban sus trajes, además buscaba alguna que otra chuchería medieval que adornara mi jacal, para que las visitas no se fijen en las paredes de cemento pelón y las cuarteaduras de los temblores.

Sin embargo, me llevé una desagradable sorpresa al ver que los ricos de Las Lomas son unos pinches miserables, que ven la caridad como una vía de deshacerse de su basura, porque los ojetes venden en 100 varos las playeras que les regalan para las carreras empresariales en Reforma, lo mismo que las películas que no les gustaron, sin saber que en cualquier tianguis las dan a 20 pesos. Nadie va a pagar 2 mil bolas por unas zapatillas todas madreadas, por mucho que las haya usado una Primera Dama. Se ve que esos culeros nunca se han dado un rol por Santa Cruz Meyehualco.

¡Chá!

lunes, 26 de agosto de 2013

¡Rompí mi récord!

A las cuatro de la mañana ya estaba yo preparado físicamente y mentalizado a ganar, con la vista fija en la línea de meta y la idea de hacer que los malditos kenianos y etíopes comieran polvo a mi paso, después de años de dominar el Maratón Internacional de la Ciudad de México, que por tercera vez en mi vida corrí, logrando un récord de infamia.

Me levanté con la canción de Rocky, desayunando seis huevos crudos de un jalón y sin hacer gestos. Para aumentar mi rendimiento, la noche previa me rifé unos tacos de bistec con clembuterol y harta salsa, al fin que en el antidoping puedo argumentar que fueron las vacas locas las responsables de que me hayan crecido las nalgas como las de Ninel Conde de un día a otro.

Para cuando sonó el disparo de salida, yo me encontraba hasta enfrente del contingente, presumiendo mis nuevos tenis Nike Air Tarahumara, con la que todos me la súper pelarían, al tiempo de estar a las vivas de cualquier atentado terrorista, con eso de que a los mexicanos nos gusta imitar lo más peor del extranjero.

Sin embargo, a las dos cuadras de la salida, al incorporarme a Reforma con rumbo a La Villa, me hicieron efecto los huevos y los bisteces, con un retortijón que me hizo correr más rápido que Usaín Bolt con el Ku Klux Klan detrás, pero para buscar un baño. Lamentablemente el Sanborns más cercano estaba demasiado lejos y me terminé zurrando en plena ciclopista, con lo que batí mi marca de la peor carrera en mi vida.

¡Chá!

viernes, 23 de agosto de 2013

Fuera donas engañosas

Para superar una despedida amarga, hacer tolerable una larga espera, calmar la tripa después de un viaje prolongado, prepararse para un ayuno o simplemente porque uno es un atascado y parece gorda embarazada con antojos, nada mejor que un café o un chocolate caliente, acompañado de una dona rellena dulce, de esas que con cada mordida se corre el riesgo de quedar todo batido por la mermelada que se desborda entre los dedos.

Es por eso que la cafetería de donas Krispy Kreme del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México era tan importante, porque estaba situado en un punto estratégico, justo entre las dos salidas de llegadas de vuelos nacionales, en la Terminal 1, para que uno pudiera desahogarse como obesa deprimida por cualquiera de las situaciones antes enumeradas.

Lamentablemente los encargados de atender ese changarro eran unos gandallas y por eso el martes pasado la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) les puso su sellote de clausura, para que ya no se pasen de lanza con gente que, como yo, era atraída con la foto en la entrada de una suculenta dona rellena de frambuesa, que se antoja hasta sin estar con el dedo en el gatillo, para después salirte con que ya nomás hay glaseadas y de las sencillas.

Porque además los ojetes no le quitan el letrero a la charola y uno piensa que efectivamente hay de todos sabores, cuando en verdad lo que tienen son las sobras de todas las demás sucursales, que no satisfacen mi mamón paladar.

¡Chá!

lunes, 12 de agosto de 2013

¡Ay qué coqueto güey!

A la distancia, esas botas cafés de gamuza se veían finas. Conforme me acercaba, distinguía cada vez mejor la precisión de sus costuras, lo delicado de la textura, la tersura de la piel, la forma en la que se plegaban en la curva del tobillo y la sutileza del cierre posterior, no sin mencionar el elegante tacón, de dos o tres centímetros con madera de primera y goma silenciosa al caminar. Una obra de arte de alta peletería que no se consigue en cualquier puestito de cacles en León, Guanajuato.

Lo curioso era que sobre ese par de botas, que se elevaban graciosas desde el suelo hasta casi las rodillas, había un güey prieto-prieto-prieto, de al tiro costeño, gordo panzón, que con los pantalones tan apretados parecía un embutido desparramándose por el centro, porque la playera, de delgada tela elástica color café, para que combinara con la botas, apenas podía contener toda la humanidad de aquel ser que esperaba la llegada del Metro con una postura que decía ¡tómame, perra!

Al voltear, su rostro presumía unas cejas meticulosamente depiladas, maquillaje tenue sobre los cachetotes, hocico parado, como si estuviera pidiendo beso o le acabaran de dar un puñetazo, peinado de lado y con planchado perfecto, bajo una gorra al estilo militar, pero de lado para verse más fashion.

¡Qué bonitas sus botas! ¿Pero es un hombre, verdad?, me preguntó mi mujer, apretándome la mano con la fuerza de los celos por la prenda. See, me limité a contestar.

¡Chá!

domingo, 11 de agosto de 2013

Dedeando al paradero

“20 de Noviembre e Izazaga, nos piden apoyo para rescate de una persona, ¡bomberos en camino!”, exclamó Raúl Esquivel, alias el Jefe Vulcano, director general del Heroico Cuerpo de Bomberos de la Ciudad de México, en su cuenta de Twitter, a la que sigo con fanatismo religioso, porque sólo él tiene el pulso exacto de lo que acontece en la capital, además de que dice todo muy chingón, como si el ruco fuera a salir volando por el cielo con su traje amarillo para ayudar al necesitado.

En la esquina referida, un baboso de 18 años de edad, de pantalón negro y camisa de manga larga a rayas verdes con blanco, morenito cachetón, con corte de cabello de “mira mamá, saqué bola negra y tengo que ir a marchar”, llamado Yahir, como el de La Academia, metió el dedo medio de su mano derecha a uno de los hoyos del asiento de metal del parabús, el cual quedó atorado por más de una hora la mañana del viernes, lo que originó la movilización de los rescatistas.

Y ahí van los bomberos, a maniobrar durante varios minutos con herramientas especiales para liberar al caliente ese, que como seguramente andaba falto de amor, se le hizo fácil dedearse a la parada para satisfacer su necesidad de contacto sexual, aunque fuera con el frío de la lámina, imaginando que se trataba de alguna de sus compañeras del Cona. Al final, como el dedo no salió ni echándole salivita, tuvieron que cortar todo el asiento para llevarse al chavo con todo y su amante metálico al hospital.

¡Chá!


Foto: Milenio

viernes, 9 de agosto de 2013

Muertortas necesarias

En Coapa y sus alrededores, el impacto por la ausencia de las Muertortas, esos tres puestos de tortas gigantes en Miramontes y Acoxpa, se ha dejado sentir no sólo en el estómago de sus habitantes, sino también en la tranquilidad de quienes viven, trabajan o transitan por ahí, sobre todo los que lo hacen de noche.

De acuerdo con vecinos, en las inmediaciones del Aurrerá, donde hasta hace unas semanas a todas horas había obesos buscando bocadillos de medio kilo, se han registrado varios asaltos, algunos bastante violentos, ya que la ausencia de los puestos dejó esa zona a oscuras, muy poco transitada y menos vigilada, pues está entre tres estacionamientos y una gasolinera.

El hecho de que el área esté rodeada de unidades habitacionales, hace de la ex sede de las Muertortas el lugar perfecto para atracar transeúntes y automovilistas despistados, porque en caso de intervención de las autoridades hay un sinfín de rutas de escape para los maleantes, quienes conocen a la perfección la zona, a la que no se atrevería a entrar solo cualquier patrullero.

Los coapeños suplican a la delegada en Tlalpan, Maricela Contreras, que reinstale los puestos por el bien de la comunidad, porque nunca ocurrió nada malo mientras las Muertortas estuvieron en ese cruce. Aunque ayer tuvieron momentos de alegría ante la noticia de que habían regresado, poco les duró porque eran otros torteros aprovechando la confusión, además de que luego luego los retiraron.

¡Chá!


Este es el puesto que colocaron esta semana, pero no es el mismo, porque el original decía "Muertortas" y éste sólo dice "Ricas tortas gigantes Coapa", aunque también los retiraron.

martes, 6 de agosto de 2013

Las patas de la araña

Sentía como un moco atorado, muy rebelde, empecinado y aferrado a mi nariz. Era una comezón maldita y desde afuera parecía que me quería rascar el cerebro. Por más que me escudriñaba, no podía sacarlo de ahí. Picaba, picaba mucho y no podía evitar la grotesca imagen de hacer cucharear mi dedo con tal de llegar a lo más recóndito de la fosa, por si a algo estuviera pegado ese pedazo de porquería salada.

No me importó que estuviera en una combi llena de gente que evitaba verme de frente pero veía de reojo cómo me practicaba una lobotomía con el índice. Después de un rato, un largo rato de incomodidad, me di cuenta que no era un moco seco lo que provocaba esa comezón molesta, sino un pelo que había crecido más de la cuenta y que asemejaba una araña curiosa que había dejado las patas afuera.

Sin más remedio, con mucha resignación y harta determinación, pepené el filamento por la punta y tiré de él de un solo movimiento violento, cuya reacción fue primero una sensación de alivio, seguido de un dolor punzante que se extendió hasta el hipotálamo de mi cerebro, después un ardor en toda la cara, que finalizó con una lágrima escurriendo por mi mejilla y un grito con patada incluida.

Lamentablemente, como ya había mencionado, iba yo en una combi repleta, entonces el madrazo se lo llevó una señora como de 70 años en la espinilla y el alarido de dolor provocó un enfrenón y derrapón que casi se traduce en una carambola a alta velocidad. Lloré.

¡Uts!

viernes, 2 de agosto de 2013

La realeza de la garnacha

Antes, en tiempos más civilizados, para ser reconocido como alguien importante había que nacer en una familia de alcurnia, con sirvientes a los que pudieras humillar y toda la cosa, o en su defecto uno, para ganar el respeto de los demás, debía matar a un montón de hijosdeperra para que la gente te temiera y te diera el lugar que mereces. Pero las cosas han cambiado mucho en la actualidad.

En estos tiempos cualquier pobre bastardo se puede ostentar como el rey de algo. Hay hasta quien se dice Rey del tomate, o Rey de la basura siendo un político de segunda, ya no digamos Rey del suadero, aún sabiendo que los de afuera del Metro Juárez estén mejores, aunque provoquen sangrado intenso en intestinos, colon y recto, además de intoxicación por gas metano interintestinal.

Ahora ya salió alguien que se autodenomina Arrachera Queen, o Reina de la arrachera, cuyo nombre indicaría que hace las mejores arracheras de todo el universo... ¡pero no! En realidad su especialidad son las hamburguesas, por lo que debería llamarse Burguer Queen (si ya hay Burguer King, ¿por qué no?), aunque creo que ese nombre es demasiado obvio y ya debe estar tomado, además de ser una canción de Placebo.

El local se encuentra dentro de Pabellón Del Valle, en Universidad, entre División y Zapata. Hay hamburguesas de pastor, cochinita, peperoni y, por supuesto, arrachera, con papas y refresco, como para ir a poner a prueba el estómago con mezclas tan exóticas como explosivas.

¡Provecho!

viernes, 26 de julio de 2013

Luto tortero

En la noche bajo la lluvia, una tímida llama sobrevive apenas en el pabilo de la única veladora que queda en pie de las muchas que han colocado en los últimos días sobre el piso de esa banqueta, que refleja en un haz multicolor, provocado por la grasa vertida en esa superficie durante décadas, la luz de una romántica farola. Flores pisadas y una cartulina de condena permanecen junto a las rejas de un supermercado, pero pronto, como el recuerdo, se irán a la basura.

Desde hace una semana todo es tristeza en Coapa y sus alrededores, pues el templo culinario al que miles peregrinaban todos los días desde distintos puntos de la ciudad fue levantado, cual chaka tepiteño de antro de la Zona Rosa, dejando en el desamparo a quienes gustan de tragar como marranos a bajo costo, sin importar que con cada bocado resten años a sus vidas.

Las Muertortas, en Miramontes y Acoxpa, frente a la gasolinería y junto a la Bodega Aurrerá, eran tres puestitos de tortas gigantes que ya no existen gracias a la jefa delegacional en Tlalpan, Maricela Contreras, quien ordenó el retiro de puestos semifijos de la vía pública, sin saber que con ello afectaría no sólo la economía de los honrados torteros, sino la vida de uno de los lugares más emblemáticos de la demarcación.

Tortas hay muchas en la ciudad, pero ninguna de a kilo que se mantenga unida sin desbordarse, a pesar de la grasa, y con el sabor de sus ingredientes bien definido después de la primera mordida.

No hay comparaciones

La creencia popular indica que la calidad de una torta se mide con el grado de transparencia del papel que la envuelve. Sin embargo, esa teoría pierde todo fundamento cuando los torteros traicionan el fundamento básico de toda comida, que es el sabor, creyendo inocentemente que más es mejor, hasta cuando de grasa se trata.

La pérdida de las Muertortas, en Coapa, ha dejado un vacío en el estómago y la vida de los habitantes del sur de la ciudad, ya que ningún otro changarro ha logrado equiparar el nivel de calidad de una torta y el tamaño de la misma. Tortas gigantes hay muchas, pero son contadas las que provocan placer extremo en el paladar al mismo tiempo de acortar dos años de vida en cada bocado.

El peregrinar de cientos de obesos a otros puestos, como el que está frente a la fuente de Galerías Coapa, las del paradero norte de Taxqueña, las de la Glorieta de Vaqueritos, las de las combis del Estadio Azteca, entre otras, se ha vuelto un martirio, pues ningunas imitan siquiera el sabor de la milanesa, la salchicha, el huevo y el quesillo de los tres puestitos que había en Miramontes y Acoxpa, y que ya no están gracias a la insensibilidad culinaria de la jefa delegacional en Tlalpan, Maricela Contreras.

Pierna chiclosa, aguacate que se desborda, pan que se deshace, quesillo que no corta al morderlo y diarreas de muerte lenta que dan después, hacen de todas las demás una burda imitación y al mismo tiempo mitifica a las Muertortas.

¡Provecho!

lunes, 22 de julio de 2013

Lo hubiera matado

Un bicitaxi se mete por la calle Belisario Domínguez, en el centro, por donde ahora sólo pueden circular las unidades del Metrobús. Una patrulla de tránsito lo detiene, los agentes le impiden el paso y le exigen que regrese por donde vino. El conductor los ignora y supuestamente hay un golpe del uniformado. Se forma la bola, los testigos dejan su papel pasivo y pasan a los insultos, uno de ellos reta a golpes al tira, una mujer intetviene, cachetea al poli miemtras alguien más aprovecha y lo desarma. Confusión, tensión e indignación, pues todo quedó en video.

Lo preocupante con la grabación que se volvió viral este fin de semana no es ver lo fácil que es ignorar, humillar y pasar por encima de la ley, sino el hecho de que los encargados de impartirla propician que su investidura no signifique nada. Y no porque ellos quieran, sino que el mínimo intento de hacer valer lo correcto puede ser tomado como un acto de autoritarismo abusivo, porque la historia nos ha enseñado que el que pierde en esos casos, no importa lo ridícula que sea su postura, siempre será el bueno, mientras que el otro, sin importar que haga su trabajo, invariablemente será un ojete.

Al momento de ver a su compañero agredido y desarmado, el otro oficial debió desenfundar y encañonar a los agresores, y disparar a matar si el infractor no se sometía, porque todos considerarán que la muerte de un ñero estuvo justificada y fue en defensa propia. Pero claro, eso, lo correcto, nunca va a pasar porque esta sociedad está podrida y nosotros somos los culpables de ello.

¡Chá!

jueves, 18 de julio de 2013

¿Cuál es La Tirada?

Caldo de camarón, arroz con huevo y mole, unos sopecitos y para acabar bien hinchados: ¡un vuelve a la vida! Todo ese atasque se acompaña de cuatro chelas frías como el corazón de un sicario, unas cuantas rolas de karaoke y una que otra mesera dos-dos, por la módica cantidad de cien varos más propina, que al pagar sientes hasta como que estás asaltando el lugar.

Lástima que la promoción del 50 por ciento de descuento por inauguración sólo durará hasta este fin de semana, porque ya pensaba mudar mi cama a Ejército Nacional casi esquina de Lope de Vega, donde abrieron una sucursal de la cantina La Tirada, que es un lugar que se caracteriza por ofrecer más de 100 platillos gratis por un consumo mínimo de cuatro tragos, que pueden ser desde un café de 30 varos hasta un whiskey del más mamón.

Lo malo es que por su ubicación va mucho Godínez, quienes al cabo de un rato ya empiezan a hacer su desmadre, ligándose a las pobres meseras, arrebatándoles el micrófono a los que cantan y sacando las frustraciones de sus miserables vidas.

Sin embargo, una vez que los precios se normalicen la peda anda saliendo como en una sorjuana, por ello creo que voy a abrir una redacción alterna del Diario BASTA! en La Tirada, al fin que nos queda a una cuadra, para que en los cierres de edición me vayan a sacar los becarios de ahí todo guacareado, como yo lo hacía hace años con el gordo Néstor Ojeda en El Negresco, una cantinucha que está sobre Balderas, cerca de Milenio Diario.

¡Salud!

miércoles, 17 de julio de 2013

Días de Paramore!

jueves, 11 de julio de 2013

Proxenetas de luto

Vestidos bastante más chicos que la panza que se cargan, las chichis caídas y las nalgas sumidas, pintadas de la cara como puerta de pulkata de la colonia Clavería, con un chicle sin sabor en el hocico desde hace tres días, el pelo alisado a lengüetazos y sobre unos tacones que sólo acentúan su condición, es fácil reconocer a las prostitutas en la Ciudad de México, sobre todo si están paradas en una esquina en Tlalpan, Nuevo León, Circunvalación o Sullivan.

No es complicado saber dónde está la diversión callejera barata con chancro incluido, porque eso se nota desde kilómetros a la distancia. Las que son caras, dicen, se te acercan solitas en los antros nais o te las recomiendan vía tarjeta de presentación perfumada, dicen. Sin embargo, con los prostitutos la cosa cambia.

¿Cómo poder distinguir a un bato que vende su cuerpo de uno que sólo es naco y le gusta salir de noche? Ahí está el problema, que en el DF la cultura del gigoló está muy poco arraigada, tanto así que para buscarse un chavo no hay lugares tan definidos como con las mujeres (no es que yo quiera hacerlo).

Si ves a un morro, creyéndose el muy mamado, con su playera pegadita y pantalones embarrados, maquillado, con zapato farol y parado en una esquina sacando la cola, puedes no darte cuenta que es un prostituto y confundirlo con un chaka reguetonero genérico. Por eso luego los atropeyan, como a los tres que se llevaron de corbata la madrugada de ayer en Zaragoza.

¡Chá!

lunes, 8 de julio de 2013

Los diarios del chimeco

Camión urbano de Ecatepec al Metro El Rosario. ¡Ya valió madre!, dije desde que me subí, al ver que casi todas las ventanas estaban cubiertas con un plástico negro, a manera de polarizado, pero que no era traslúcido, es decir, que oscurecía toda la unidad y preparaba el escenario perfecto para que se suban unos ñeros a asaltar a los pasajeros y violar al chofer, con todo y su cacharpo.

Ahí venía yo con mis pensamientos alegres, cuando a los dos minutos se treparon dos batos que a leguas se veía que acababan de salir del reclusorio, y no por la puerta principal. Pantalón cholo, cicatrices en el cuerpo, tatuajes mal hechos y con faltas de ortografía, además de mochilas en las que bien podrían llevarse todas nuestras pertenencias, comenzaron los tipos a tirar el choro de "no le quiero robar, pero cáigase con cinco varos a cambio de estos chocolates con plomo”. Y yo, como no quiero ser una estadística, les compré cuatro y hasta me los comí frente a ellos con cara de que estuvieran buenos y no supieran a tierra, como en realidad sabían. ¡Gracias güero!, todavía me dijo uno.

Sin embargo, cuando los chakas se bajaron comenzó el real peligro, pues era un camión viejo con la suspensión deshecha, que provocaba que a cada bache o tope mi coxis se diera de lleno con la tabla del asiento, ya sin hule espuma, deshaciendo mi columna y aplanándome las nalgas. Al final, lo que más me dio miedo fue la calcomanía de "Coquetos" que traía pegada al fondo.

¡Chá!

martes, 2 de julio de 2013

¡Se armaron los putazos!

Sábado al mediodía. Reforma a la altura del Colón. Marcha del orgullo gay (otra vez). Hombre de complexión delgada, alto de nariz recta, tez blanca y cabellera rubia que contrasta con el morado vivo de su falda ceñida, adornada por el talle de un grueso cinturón de piel negra. Si no supiera que es un güey arriba de unos tacones de 12 centímetros y estuviera yo bajo el efecto de drogas duras, igual y hasta me lo daba... bueno no.

En eso, otro cabrón, 50 kilos más grande que ella (él) y con más maquillaje en la cara que testosterona en el cuerpo, se le deja ir a los madrazos, ante el asombro de los presentes, quienes no se explicaban cómo el carnaval se convirtió en un round de kung fu. El encaje y la crinolina del vistoso tutú violeta con top negro del agresor, no fue impedimento para que éste le metiera un puntapié al otro (otra) en la jeta.

Así, sin zapato, con el pie descalzo y con mejor técnica de golpeo que David Beckham, ella (eso) asestó el uñazo en la nariz de su oponenta, para repetirle la dosis un par de veces más, aunque no con la misma efectividad. Una vez que la del vestido quedó fuera de combate en el suelo después de sólo poder jalarle los pelos a la que agarró sus chanclas y huyó, se levantó con ayuda de varias de sus manas y de un policía al que se le abrió intervenir.

¿Por qué te agredió?, le preguntaron. ¡Por bonita!, respondió ella. Lo cierto es que la pelea estuvo más buena que las de aquellos que se dicen machines.

¡Uts!

lunes, 1 de julio de 2013

Adiós narcogays

Grandotes, barbones, bigotones, peludos, malencarados, de sombrero, vaqueros, botudos de cinto piteado y actitud de que te pueden sodomizar hasta la muerte. Se hacen llamar osos y son homosexuales que se caracterizan por verse muy hombres, aunque en la realidad tengan las mismas ganas de que les rasquen las entrañas con algo grueso, como sus congéneres.

Se llamaban, porque su apariencia ha tenido que modificarse un poco por razones ajenas a su control, ya que quienes ostentan la misma apariencia que ellos, los narcotraficantes, les hicieron saber su inconformidad a punta de macanazos (en el mejor de los casos) y no como esos que a ellos les gustarían recibir.

Durante la 35 Marcha del orgullo gay, celebrada el sábado pasado en Paseo de la Reforma, se notó un contraste marcado respecto a su anterior apariencia, pues de ser unos rancheros malditos, ahora parecen una versión muy chafa de Woody, el vaquerito delicadito e insufrible de las películas de Toy story.

Algunos de ellos me platicaron (andaba yo por ahí de pura casualidad) amargas experiencias con aquellos a quienes no les parece que otro sombrerudo les haga ojitos y les mande besos, sobre todo en el norte del país, donde los osos han tenido que modificar su look para no ofender a quienes tratan de hacer tributo. Por lo pronto, los narcogays dejaron de ser parte del arcoíris de la diversidad, y no hay institución alguna que sea capaz de detener ese tipo de discriminación.

¡Uts!

domingo, 30 de junio de 2013

No hemos aprendido nada

Indignación generalizada hubo hace dos décadas, cuando el gobierno capitalino, entonces llamado Departamento del Distrito Federal, inició un programa para erradicar el problema de salud pública que representan los perros callejeros, sobre todo en delegaciones como Milpa Alta, Tláhuac y Xochimilco, pero utilizando medios poco humanitarios, lazándolos como reses y hondeándolos para clavarlos de un chingadazo a las perreras.

Hace meses resurgió el problema cuando una jauría mató a seis personas en el Cerro de la Estrella en Iztapalapa, provocando que se criminalizara a todo aquel que caminara en cuatro patas. Ahora, el ojo de la indignación canina está puesto en Toluca, donde la alcaldesa Martha Hilda González permite que sus trabajadores calienten a los perros como si fueran judiciales a un chemo.

La grandeza de un pueblo se juzga por la forma en la que trata a sus animales, dicen que dijo Gandhi, y la verdad los mexicanos somos unos hijos de la chingada.

¡Chá!


Escuchar al perro chillar da ganas de ir a ponerle una putiza a la pinche alcaldeza de mierda, quien por cierto aparece en el video en una manta colgada en una de las casas, promoviendo su campaña por el PRI a la Presidencia Municipal toluqueña.

viernes, 28 de junio de 2013

A dieta obligatoria

En el último mes, la población, tanto flotante como residente, del poniente de la ciudad, concretamente en la zona de Polanco, ha reportado una baja considerable en el índice de obesidad. Los vecinos y trabajadores de por ahí ya caminan 10 metros seguidos sin resoplar, ya tienen que usar cinturón, ya no sudan ni aplauden con las nalgas al menor movimiento y son menos los que mueren infartados en el transporte público.

Varias teorías se barajaron para explicar ese fenómeno, desde la repentina toma de conciencia sobre el peligro que representa ser un tripón desparramado, hasta un mandato corporativo a los oficinistas Godínez para que le bajaran a sus carnes, con la amenaza de despido. Sin embargo, la verdad es mucho más sencilla, pero no por ello menos trágica: ¡clausuraron al Rey del suadero!

Desde hace semanas, el local ubicado sobre la avenida Horacio, casi esquina con Sudermann, cerca del Liverpool de Polanco, luce varios sellos de suspensión de actividades, colocados por las autoridades a causa de diversas irregularidades encontradas en ese oasis de grasa con tradición de 25 años tapando arterias.

La determinación, aunque benéfica para la salud de cientos de consumidores que todos los días iban a dejar su dinero y años de vida en ese changarro, ha obtenido un repudio generalizado, porque además de ser un referente culinario, hay muchos restaurantes y negocios alrededor que deberían ser clausurados, por las incomodidades que provocan.

¡Chá!

jueves, 20 de junio de 2013

Mi nuevo némesis

Domingo 16 de junio a las nueve de la mañana. Periférico sur, a la altura de Cuemanco. Yo de buenas, cosa rara. Mijares sonando a todo volumen en el estéreo. Cita importante en la agenda. De repente, una patrulla bloquea el camino para ingresar a los carriles centrales, por los que más adelante no se ve obstáculo que impida el libre tránsito. ¡Chale!

Pequeño contratiempo que se explica cuando se ve que sobre la ruta cerrada circulan un par de ciclistas. Ah bueno, pensé, ante la posibilidad de que se tratara de un nuevo paseo en bici, como el de Reforma, al cual también podría acudir los domingos, en vez de inyectarme heroína en la sien. Pero la circulación es cada vez más lenta y somos más atorados e impotentes en la lateral.

Kilómetros pasan a dos por hora y el tiempo sigue su camino rumbo a mi desesperación, que ya es mucha, más cuando caigo en cuenta que se trata de una carrera, un medio maratón, con motivo del Día del padre, organizado por la delegación Tlalpan, que no avisó a nadie ni puso señalamientos ni agentes a desviar el tráfico, que se acumula sin poder salir a ninguna parte hasta Perisur.

Ya para la mitad del recorrido, le miento la madre a todos los gordos y las obesas que me rebasan caminando, que con un día de ejercicio ya se sienten atletas, aunque vayan a desmayarse llegando a la meta, con todo y sus monitores cardiacos, sus tenis mamones con aire y 30 cronómetros para medir las seis horas que se tardaron en un recorrido que un puto etiope haría en 20 minutos.

Dos horas después, llegué tarde a la cita, que era por el rumbo del Pedregal, por el CCH Sur, un par de kilómetros más adelante de la meta. Maricela Contreras Julián, jefa delegacional en Tlalpan: TE ODIO, te voy a cazar como perra y cuando te encuentre, te voy a matar a escupitajos.

¡Venganza!

miércoles, 19 de junio de 2013

La Miss Cuajimalpa 2013

Con lágrimas inundando su bello rostro, enrojeciendo la nariz de la que salían algunos mocos de llanto alegre, con un violento temblor nervioso en labios y manos, que no lograban opacar la emoción de su sonrisa, Paulina D´Abbadie fue coronada como la ganadora del certamen de belleza Miss Cuajimalpa 2013, que reconoce no sólo la estética, sino el talento e integridad de las mujeres oriundas de esa demarcación.

Los encargados de entregar el cetro fueron Miguel Ángel Mancera, jefe de Gobierno del DF, y el delegado Adrián Rubalcava, quienes posaron para la foto con la chica más guapa del sur poniente de la capital, que la verdad sí está bastante reinita y merece el título que acaba de recibir.

Aunque también es cierto que Paulina no tuvo mucha competencia, porque entre las 72 aspirantes al título había muchas que estaban pasadas de pozoles y una que otra que era más masculina que yo, que si me las topo en la calle me cambio de banqueta, no me fueran a asaltar.

¡Chá!

jueves, 13 de junio de 2013

Miss Cuajimalpa 2013

Mañana se llevará a cabo la gran-gran-gran final del certamen de belleza Señorita Cuajimalpa 2013, evento que pretende resaltar la belleza, los valores y la inteligencia de la mujer oriunda de esa delegación. La ganadora obtendrá un automóvil sedán, mientras que el segundo se quedará con una computadora y un iPad, sin la posibilidad de ser Miss DF o ir por la corona de Nuestra Belleza México porque no alcanzó para darle su mochada a Lupita Jones.

Los jueces del concurso serán Sergio Mayer, Mauricio Islas, Maxine Woodside y Laura G, quienes tendrán la encomienda de elegir a la más bella, talentosa, íntegra e inteligente cuajimalpense de 16 a 22 años de edad (¡uta madre!), de entre las 72 aspirantes. El evento se llevará a cabo en la explanada delegacional (sí, hasta allá, en casalachingada), en punto de las 19:00 horas.

Mientras el momento decisivo llega, yo le doy mi voto a la número 56, a la 60 y la 25, además de otras cuyo número no alcanzo a identificar bien en las fotos que me mandaron de las rondas preliminares, en las que participó una que otra a la que no le confiaría ni mi coche para que lo lave porque de seguro me lo raya, ya no digamos presentársela a mi mamá, porque igual y me anda desheredando.

De entre esos raros especímenes destaca una que es idéntica a Justin Bieber, con el peinado y todo, sólo que ésta tiene los testículos más grandes. Además hay varias que se pasaron de pozoles y otras tantas que de seguro roban autopartes en San Pablo Chimalpa.

¡Chá!

jueves, 6 de junio de 2013

Cacería de brujas nalgonas

Después de levantado el tepiteño, cerrar los teibols. ¡No es pinche justo! ¡Ahora sí estoy encabronado! No es posible el autoritarismo con el que están actuando las autoridades en el caso de los jóvenes desaparecidos el domingo de la semana pasada en un antro de la Zona Rosa, de los que nada se sabe.

Como no han podido avanzar en el caso, como no saben ni por dónde iniciar el trabajo policiaco, se desquitan con las más indefensas, sólo para dar un golpe mediático y hacer como que trabajan. Es indignante que hayan clausurado el bar Tahití, ubicado sobre la calle de Florencia, a dos cuadras del Ángel de la Independencia y a otras dos de donde supuestamente ocurrieron los hechos, argumentando presuntas e inexistentes faltas a las disposiciones para el uso de suelo.

¿Qué culpa tienen las chicas? ¿A poco ellas levantaron a los tepiteños? Lo mismo pasó cuando ocurrió la explosión en la torre de Pemex, que como no hubo resultados inmediatos, clausuraron La Tentación, el teibol que está ahí pasando la calle, como si las güerotas rusas hubieran puesto la bomba en el sótano. Digo, si hasta encontraron maquillaje de mujer como prueba.

Lo peor es que los más afectados somos nosotros, los consumidores, porque ellas como sea pueden encontrar trabajo de actriz de Tv Azteca, aunque va a estar difícil, pues también cerraron el Fahrenheit (que hace poco se incendió) y el Papi Fun Bar, lo que quiere decir que son casi 100 las chicas que andarán desempleadas.

¡Chá!

viernes, 31 de mayo de 2013

Soy una pinchi señora

El olor a estrógeno caduco era insoportable, casi tanto como el sonido de miles de gargantas gritando tan agudo como podían, descargando las frustraciones de una vida sin emoción, añorando esos años de juventud que, si lo piensas tantito, ni fueron tan buenos.

Eran miles de señoras las que vibraban por dentro de lascivia, ansiosas de ver a esos que las hacían nadar en sus propios fluidos hace más de dos décadas. Estaba yo a punto de burlarme de lo surreal de la escena, cuando me di cuenta que yo era una de ellas, que a mí también me gustan las rolas de Emmanuel y Mijares, de quienes me encontraba a unos pasos, mordiéndome las uñas porque empezara el toquín.

Conforme pasaban las rolas, de uno y de otro, me di cuenta de que sí estoy muy cabrón, porque me las sé todas, con todo y coreografías, contando el bailecito de Mijares, que más bien parece que le está dando una chiripiorca con epilepsia. Atribuyo ese dominio de la música ochentera a mis noches de karaoke, en las que utilizo esas mismas letras y pasos para ligarme ñeras demasiado borrachas como para poder distinguir entre el original Emmanuel y yo.

Al final, ya con el Auditorio cayéndose a pedazos a causa de los alaridos de una multitud de rucas negándose a la menopausia, me entregué a la música, ofreciendo mi garganta como tributo a esos dioses de la balada y el pop, que son responsables de que yo esté en este mundo, pues podría apostar que sonaba Con olor a hierba cuando fui concebido.

¡Chá!

jueves, 30 de mayo de 2013

Los chakas andan sueltos

A las siete sonó el despertador con la canción del Pollito pío, justo lo que necesita uno para levantarse con ganas de abrazar la vida y disfrutar el día. Después de quitarme las chinguiñas de los ojos y tirar el miedo por la taza, abrí la ventana para salir al balcón y recibir los rayos del sol, antes de comenzar una jornada más haciendo de este mundo un lugar mejor, cuando un extraño olor me embistió apenas respiré el ambiente matutino.

Era una combinación como de solvente con frutas tropicales lo que me llegó a la nariz, aroma que me cautivó pero al mismo tiempo me estupidizó un poco más de lo que usualmente estoy. Algo no estaba bien, el mundo estaba a punto de colapsar, pero no pude evitar sentir que las cosas se iban a poner peor.

Ese sentimiento, que es como un escalofrío que nace en la nuca, recorre la espalda y termina en el fondo de la cola, se confirmó cuando a lo lejos se escuchó con cada vez más estridencia el sonido de la música de reguetón en el aire, acompañada de una serie de gemidos que hacían eco en todos los edificios de alrededor, cual si fuera una orgía colectiva.

En ese momento lo supe y corrí hacia la calle, donde encontré mi coche sin espejos laterales y sin estéreo, estacionado junto a varios a los que les habían quitado los tapones. Miré alrededor y noté una abrumadora mayoría de adolescentes con mal corte de cabello circulando a bordo de motonetas pedorras. El apocalipsis ha llegado: ¡el Conalep está en huelga!

¡Chá!



lunes, 27 de mayo de 2013

La gloria del triunfo



La tierra prometida, el juguete que no llegó en Navidad, el dulce que se acabó, el helado que se cayó, la niña que dijo que no, la chica que se burló, la vieja que no aflojó, el coche que no arrancó, la mujer que abandonó, el perro que se murió, el balón que se ponchó, el árbol que se quemó, el sueño que se derrumbó, el trabajo que no gustó, la fantasía que no se cumplió, el examen que se reprobó, la vida que no fue.

Todo, incluso las lágrimas que nadie consoló, quedó atrás cuando el sonido del cuero rozando el fondo de la red se dejó escuchar en medio del silencio que provocaron miles de gargantas al jalar aire antes de gritar con todo lo que los pulmones daban el canto del gol, que era el definitivo, el cuarto de la tanda de penales que consolidaba una hazaña heroica y una noche memorable, incluso para aquellos que no simpatizan con la causa del Ave.

¡Qué Ilíada ni qué la chingada! Los aqueos y los mirmidones comandados por Aquiles palidecerían ante las 80 mil almas que el domingo por la noche colmaron de gloria la tribuna del Azteca, que fue testigo del nacimiento de un nuevo héroe en Moisés Muñoz, quien con un arranque de coraje y un poco de suerte borró la alegría de la cara de millones.

Hoy salgo a la calle con mi playera amarilla y saludo a quienes profesan la misma religión que yo: la del triunfo. Ahora sí no importa que sean muchos los oportunistas, los que en las malas esconden su credo, porque es tiempo de gozar.

¡Arriba el América!

miércoles, 22 de mayo de 2013

Elevador de la muerte

Picas el botón del elevador como si éste fuera a responder más rápido si te enojas más. Tienes prisa, se te hace tarde, te estás meando y la telenovela ya va a empezar. Analizas irte por las escaleras, pero qué hueva porque son siete pisos los que hay que bajar. Comienza a llover, ¡utamadre! Pero llega el ascensor, te metes y oyes a lo lejos un esperen, esperen, esperen. Ignoras y apresuras el cierre, pero una manita alcanza a entrar y todo se detiene.

Una morena-piernuda-chaparrita se trepa al cubículo metálico del amor, y en ese momento lamentas que sólo sean siete pisos en vez de la vida eterna. Hola, te saluda y tú sonríes, aún embobado con el escote que tímidamente asoma el paraíso. 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1 y no se abre por más que le apachurren a la alarma y trates de abrir con tu escuálida fuerza.

Nadie responde del otro lado, tratas de hacerte el simpático frente a la cámara de seguridad, pero parece que ésta está rota. Ella se desespera, hiperventila, se abre la blusa, se echa airecito y comienza a sudar mientras tú te sientes en la previa de una porno. La tranquilizas, le tocas el hombro, le sobas el brazo y le dices que espere, alguien llegará, aunque nadie sepa que están ahí, porque ni señal de teléfono hay.

Te sientas en el piso, aprovechas para ver debajo de su falda, la única frontera entre un accidente y la fantasía sexual definitiva. Ella te mira, sabe lo que estás pensando, sonríe y en ese momento llega el poli y abre la puerta.

¡Chá!

lunes, 20 de mayo de 2013

Ave Marío

La vida, por lo menos la mía, no vale nada. Sin méritos personales que me hagan una mejor persona, sin aspiraciones, con los sueños destruidos y la moral en el suelo, debajo de la caca que impunemente acaba de dejar ese perro cuyo dueño es más puerco aún, lo único que espero, por lo que rezo y me hace levantarme por la mañana, es que el América sea campeón.

Debo admitirlo, me convertí en una de esas personas que como no han hecho nada que valga la pena, depositan su alma en los logros de desconocidos para sentirse ganadores, para tener el derecho de mirar a los demás hacia abajo, de creerse superiores, aunque valgan menos que este periódico pasado mañana, cuando ya esté en la pila del reciclaje, que paga 70 centavos el kilo.

El próximo domingo habrá motivos para sonreír o para llorar, para salir a la calle con el pecho en alto o para quedarse en casa consciente de que se es un mediocre que confió en el talento de alguien más, un desconocido que tal vez hace lo que hace sólo por dinero, pues el reconocimiento a su trabajo ya lo tiene seguro.

Quien gane salga campeón verá sus camisetas multiplicarse en las calles, cuyos portadores tienen el derecho de humillar a los demás escudándose en una bandera, aunque por dentro estén huecos. Seremos muchos los que orgullosos nos pasearemos sintiendo que la vida tiene sentido, que no hay motivo para suicidarse aún, que somos mejores que alguien sólo por el simple hecho de irle al América... o a Cruz Azul.

¡Chá!

jueves, 16 de mayo de 2013

Miedo de a madres

Tarde del sábado 11 de mayo, festejo del Día de las madres, restaurante California de la avenida José López Portillo, en Coacalco, Edomex. Bufet para mamases tragonas y sus familias, mientras sus chamacos juegan en el área infantil, sumergidos en la alberca de pelotas y perdidos en los túneles y toboganes. Todo es felicidad, gozo y glotonería, hasta que la presencia del gandalla se deja sentir.

A través del vidrio de la ventana que da al estacionamiento del lugar se puede ver cómo llega un convoy de vehículos compuesto de tres camionetas suburban negras de pocamadre, escoltando un auto compacto, de los cuales descienden nueve hombres, todos armados, algunos con rifles de asalto, en actitud agresiva, desatando en los comensales el terror, pánico e histeria, y una que otra evacuación temprana de lo recién engullido.

El instinto maternal se activa y las señoras, sin importar lo monumental de sus carnes, se levantan ágilmente a recoger a sus engendros, ante el peligro inminente de que se los maten en una balacera. Los otros, mientras tanto, se estiran plácidamente, preparándose para entrar a disfrutar de una tragadera inversamente proporcional con el tamaño de sus penes, pues algún trauma han de tener para andar con esos pistolones.

La gente asustada pide sus cuentas, paga y se va, no sin antes levantar la queja correspondiente, que el gerente responde de forma indiferente, asegurando que por ser servidores públicos, no puede impedirles el paso.

¡Chá!

viernes, 10 de mayo de 2013

Ay sí, mamá, mamá

Flores, una cena en un restaurante dos-dos, abrazos, besos, regalos, todo es felicidad en el Día de las madres. El Facebook se llenará hoy de fotografías de mamases con frases alabándolas, diciendo que son las mejores, que se han rifado y un sinfín de cosas, además de los mensajes de felicitación para aquellas que no sean demasiado ancianas para manejar la tecnología.

No diré que todos son una bola de pinches hipócritas por olvidarse de quien les dio la vida, para sólo recordarla un día al año y sólo porque así lo marca el calendario, porque eso lo digo todos los 10 de mayo. Tampoco mencionaré el hecho de que yo ignoro a la mía siempre, especialmente ese día, precisamente para no parecer un farsante más. Pero sí les digo una cosa: su madre no es la mejor del mundo.

La mía tiene un doctorado, dos maestrías y como 60 diplomados, es joven y guapa, además de ser una súper atleta. Se levanta a las cinco de la mañana a correr y hacer ejercicio, por las tardes hace yoga y nada, y cuando tiene chance le entra a la zumba, al jazz y a los gordobics. Cocina pocamadre, desde un arroz colorado hasta un pastel imposible. Hace quehacer y lidia con el difícil deber de hacer que los niños sean menos estúpidos, pues es maestra.

Tiene dos hijos que, por más que nos esforzamos, no nos le salimos del huacal. Ambos tenemos carreras universitarias, futuros prometedores (¡ayajá!), novias guapas, no nos drogamos, ni le vamos al Cruz Azul, lo cual habla muy bien de ella, más que de nosotros. Mi madre, aunque no es la mejor del mundo, puedo afirmar que es mejor que la de usted, querido lector, así que bájele a su 10 de mayo, que no tiene mucho que celebrar.

¡Uts!

martes, 7 de mayo de 2013

Pueblo de porquería

Cual si fuera un narcoejecutado colgando del pescuezo, pero aún más desagradable, impresionante y traumático, se encuentra una manta colocada en un puente peatonal del centro de la delegación Xochimilco, mediante la cual se exhorta a la Secretaría de Turismo del DF a nombrar al pueblo de Santiago Tulyehualco como Barrio mágico, con el fin de atraer a mayor número de visitantes, tanto nacionales como extranjeros.

Yo la vi al circular por la avenida Prolongación División del Norte y casi me cago en las vestiduras de piel de mi coche del puro desconcierto de saber que alguien está tan tarado como para pensar que ese bache maloliente rodeado de ambulantaje y cercado por criminales puede ser atractivo para los turistas.

Si bien Tulye, como se le dice cariñosamente, es famoso por sus dulces y panes de amaranto, además de las nieves de sabores, también es conocido por ser una localidad que sirve de paradero apestoso de camiones humeantes, foco infeccioso de vendedores de cuanta porquería y fayuca exista en el mundo, lienzo interminable de grafiteros de poca monta y hoyo fonqui de malvivientes.

Qué tan cabrón estará ese paraje alejado de la mano del creador, que yo fui alumno de la secundaria diurna #44, Rosario Gutiérrez Eskildsen, donde aprendí a robarme chescos del camión de Jarritos cuando surtían las tiendas, rayar mi nombre con esmeril las ventanas de los micros, huir de la policía, brincar bardas de tres metros y a no besar prostitutas en la boca.

¡Chá!

domingo, 5 de mayo de 2013

Placer efímero

Hace un par de semanas vagaba yo a medianoche por la colonia Roma a bordo de mi Lamborghini Miura 1970, que no lo saco de día porque se gasta, cuando repentinamente el tránsito vehicular, que a esa hora es perfecto para correr en una máquina mítica de 12 cilindros, se detuvo sobre la calle de Monterrey, después de cruzar Insurgentes hacia el Ángel, parando mis impulsos por matarme a 200 kilómetros por hora en un tope.

¡Ah cabrón!, vociferé por encima del ruido de 400 caballos de fuerza desbocados y frustrados ante la inmovilidad. ¡Pinche alcoholímetro!, maldije con un acelerón como de microbusero enojado porque le ganaron el pasaje, para después toparme con la sorpresa de que no se trataba de ningún operativo policial, sino de la inauguración de un exclusivo bar que esa noche convocó nalga de tan buena calidad, que se daba el lujo de dejar afuera a una que otra que sí le andaba presentando a mi mamá.

Ese antro que parecía de perdición, de nombre Mister Killer y ubicado entre Colima y Durango, se veía tan padrote, que, aprovechando el coche y mi pinta de alcahuete de perras caras gracias al saco Ermenegildo Zegna de contrabando sobre mi camisa de imitación marca Andoencombi, me detuve para tirar un rostro un rato.

¡Qué lugar! ¡Qué viejas! ¡Qué música! ¡Qué chupes! ¡Qué caro!, pero no había fijón porque bien valía la pena cualquier cosa con tal de dar arrimones a niñas bien. Lástima que dos días después lo clausuraron por un conato de incendio.

¡Chá!

viernes, 3 de mayo de 2013

Amor anarquista

Al verlos salir por su propio pie, ordenaditos en una fila y saltando las barricadas que ellos mismos colocaron en busca de la salida, pensé que aún me encontraba bajo los efectos del thinner que inhalé la noche anterior barnizando la viga de la que próximamente me voy a ahorcar.

Alrededor de las ocho de la mañana de ayer, los encapuchados que mantenían tomada la Torre de Rectoría de Ciudad Universitaria desde hace 13 días se retiraron del lugar, aceptando la propuesta de las autoridades para revisar el plan de estudios del CCH, con el fin de que huevones como ellos no tengan que aprender inglés. Lástima, porque yo quería ver madrazos.

En medio de la decepción, un rayo de esperanza: salió del inmueble con sus cosas dentro de una mochila una chica parista, que bien podría definirse como un astro de sexualidad desbocada debajo de un rebozo cuadriculado amarrado a su cabeza, que sin embargo asomaba el rostro de finas formas, ojos claros y cabello rubio, que remataba su erotismo con un short que dejaba al descubierto un par de largas y lamibles piernas, que el frío matutino obligaba a mantener debajo de unos mallones cafés.

Sólo de pensar que ese animalito de la creación estuvo casi dos semanas encerrada entre una bola de hippies apestosos se me revuelve el estómago, pese a que seguramente ella tiene las mismas estúpidas ideas anarquistas en la cabeza, que la llevaron a mancillar el espíritu universitario que habla por mi raza, como dice el escudo.
¡Uts!